Trazabilidad mejor que DRM

Como eres una persona inteligente -por eso me lees, ¿verdad?- ya habrás leído sobre Pottermore, la nueva tienda online de J.K.Rowling para vender los celebérrimos libros de Harry Potter en formato e-book.

Dejaré aparte los bugs que han reportado algunos de los primeros usuarios y que pueden suponer la muerte del proyecto si no se gestionan bien. El planteamiento inicial es interesante por dos cosas: vender directamente, sin intermediarios (hasta Amazon redirige a Pottermore) y sobre todo sustituir el DRM por trazabilidad. Los archivos llevarán una marca invisible única que permitiría identificar al usuario que ponga su libro a disposición del pirateo.

Como digo, si no funciona bien, esa alternativa al DRM morirá antes de nacer. Pero, si se implementa adecuadamente, sustituye una restricción punitiva de derechos del comprador por algo mucho menos intrusivo. El sistema, que algunos atribuyen a la compañía Booxtream, no hace imposible la piratería pero la desincentiva. Como explicaban en un foro especializado, ese tipo de protección también se podrá hackear, como todas, pero el usuario medio no se tomará el tiempo y la molestia.

Una cosa es compartir un fichero dándole a un simple clic sin tener muy claro si es legal o no. Otra cosa es que el fichero lleve en algún sitio oculta una etiqueta con tu nombre y tu IP. Sí, podrías revisar el fichero durante unos días hasta estar razonablemente seguro de haber dinamitado toda la protección. Pero, ¿quieres dedicarle ese tiempo? Y además, ¿quieres correr el riesgo -aunque sea mínimo- de ser localizado?

Lo inteligente de la propuesta es que utiliza el único método que se ha demostrado viable contra la piratería que es, precisamente, desincentivarla. Hacer más fácil y cómoda la compra legal que el pirateo. El que no se lo crea, que revise lo que consiguió iTunes cuando muchos decían que ya no se pagaría por música. O que lea aquí mismo lo que dicen los españoles al respecto.

El DRM tradicional, en cambio, es el camino de los que disfrutan azuzando a un caballo muerto. Es una mala respuesta no porque técnicamente sea mejor o peor, sino porque se basa en una desconexión absoluta con las necesidades y deseos del comprador. Si alguien te ha dado dinero por un producto, es su dueño. O así lo siente. Tienes dos opciones: tratarlo así o convencerlo de que pague felizmente por otra cosa que no se llame ‘comprar’ y que no implique posesión del producto (¿te suena Spotify?). Pero ponerle un grillete a lo que le acabas de vender sólo parece una buena idea cuando un CEO lo pone en un powerpoint y obliga a los demás a asentir y a decir “bien pensado, jefe”.

Rowling tiene un poder que pocos tienen en el mundo de la edición de contenido, y está bien que lo utilice para intentar abrir una alternativa nueva. A mí me parece un camino meritorio. No obstante, el quid de la cuestión no está en evitar la piratería digital sino en aprender a beneficiarse de ella. Ya hay quien apunta a una nueva era dorada para el product placement y el patrocinio en películas o formas de rentabilizar la música pirateada. Ahora parece difícil de concebir, pero al fin y al cabo los culebrones nacieron gracias a los patrocinios y por eso inglés los llaman soap operas.

¿Por qué no puede ser un buen futuro? ¿Y por qué no puede serlo también para otros formatos, como los libros? ¿Ms. Rowling? ¿Alguien?

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